Olvido...
“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico
museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.”
Jorge Luis Borges
Por: Parzifal
La memoria es efímera y la esperanza es perpetua. Los seres humanos somos capaces de olvidar el dolor de forma recurrente. Es decir de algunas mujeres que los dolores de parto son tan intensos que podrían ubicarse, en una clasificación del dolor, en una posición entre los más altos; a pesar de esta condición, en muy corto tiempo, la mujer es capaz de olvidar dichas sensaciones y nuevamente esperar la llegada de un hijo. La esperanza del arribo las hace olvidar las penurias inherentes al alumbramiento.
Algo similar sucede en el escenario político que nos convoca hoy en día. Cada partido político es poseedor de una ideología propia que ofrece una serie de mecanismos para llevar al país a una situación de mejora económica, política y social. El objetivo último de todos los partidos políticos es común, todos aspiran al bienestar de la población aunque cada uno cuenta con distintos mecanismos, en atención a las prioridades del sector que representan, para lograrlo. Para que un aspirante a representante popular sea designado como tal debe, al menos en teoría, comulgar con la ideología de su partido. Esto se va haciendo evidente conforme avanzan en su trayectoria política; quienes ocupan cargos públicos, por modestos que sean, deben mostrar en su actuación la congruencia y fidelidad a los principios fundamentales de la ideología partidista que representan, en beneficio de todos. La confianza que un partido político deposita en cada uno de sus representantes populares debe ser proporcional, entre otras cosas, a la aplicación de los mecanismos definidos y la atención de las prioridades identificadas. De no ser así ¿qué caso tendría elegir entre un partido y otro si a fin de cuentas no hay respeto a las formas que los hacen una alternativa de gobierno?
En la práctica, esto puede resultar bastante más complicado. Angel Aguirre, virtual triunfador de los comicios recién celebrados en el Estado de Guerrero, logró la victoria enarbolando la bandera de un partido que no es el suyo. Su trayectoria política está ligada directamente al PRI, basta recordar que ha ocupado los puestos más altos que la política ofrece: Gobernador (Interino) del Estado de Guerrero, Diputado Federal, Senador de la República, Dirigente Estatal del PRI, entre otros. Pareciera, por la confianza que le ha depositado su partido, que se trata de uno de los baluartes más destacados y valiosos que el PRI posee no sólo a nivel estatal, inclusive a nivel nacional. De acuerdo a su trayectoria se pudiera pensar que en cada encomienda actuó de forma congruente y conveniente a los postulados e ideología política de su partido. El hecho es que hoy es el virtual triunfador en una elección popular representando a un partido político ajeno al que había servido, al menos, los últimos treinta años de su vida. El colectivo electoral que lo llevó al triunfo olvidó que fue el PRD quién hace 15 años señaló 102 violaciones a los derechos humanos cometidas por Aguirre entre torturas, asesinatos y desapariciones. La efímera esperanza de un poco de bienestar hicieron que el pueblo de Guerrero olvidara que quién fuera el candidato del PRD a la gubernatura se trata de un político de la vieja escuela del PRI, con una larga trayectoria política en el seno de un partido opuesto al que hoy abandera. Olvidó también que todo lo que ha aprendido de servicio público Angel Aguirre lo hizo en el PRI, que sus contactos y relaciones más importantes los obtuvo gracias al beneficio de militar en las filas del PRI, olvidó que sus colaboradores cercanos también serán o fueron priístas, olvidó que los operadores políticos, encabezados por Marcelo Ebrad, y que inundaron la entidad en aras de asegurar el triunfo en la elección, también pertenecieron al PRI. Guerrero olvidó muchas cosas, esperemos que Angel Aguirre cumpla sus compromisos y le lleve al pueblo de Guerrero la certeza de un mejor futuro.
parzifal.mx@gmail.com
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