Percepciones...
“Lo que parece no siempre es lo que es, y lo que es no siempre
es lo que parece; la percepción crea nuestra propia realidad.”
Rob McBride
Un elemento fundamental de la política moderna es el manejo de la información. El día de hoy, la gama de posibilidades para el intercambio de la misma hace que seamos capaces de enterarnos, casi de inmediato, del acontecer cotidiano. Los datos de hechos relevantes vuelan por todos los espacios de la supercarretera de la información, llegan hasta los sitos más alejados y permean nuestras consciencias. Cada hecho que amerita ser informado fue generado por alguien de manera involuntaria o, por el contrario, con intención específica Desafortunadamente, mucha de la información publicada no es consistente, es decir, no todo dato de un hecho acaecido lo podemos identificar como elemento de una cadena que guarda coherencia con el resto de los elementos de su conjunto. Esto sucede porque, en muchas ocasiones, desconocemos las causas que motivaron la realización de tal o cuál acción, nos resulta imposible identificar el hilo conductor de un hecho contra otro a pesar de que exista; como consecuencia, el conocimiento llano de los hechos, aunado a nuestra naturaleza inquisidora, nos convoca al ejercicio de la especulación. La sobremesa, por ejemplo, es uno de los espacios comunes para aportar teorías que den coherencia a las cadenas de información en aras de sustentar determinadas acciones. Nos encanta jugar al investigador, analizar los hechos y ubicarlos en un contexto coherente. Hoy, en las charlas de café se escuchan diversas versiones acerca de los motivos que hicieron que el crimen organizado planeara un atentado con un coche bomba en el municipio de Tula. Todo es especulación y misterio. No hay nuevos elementos que nos permitan vincular, fehacientemente, tal hecho a cierto grupo o a tales motivos.
En otros tiempos, el monopolio de la información era controlado por el Estado, los medios masivos de información de mayor trascendencia eran voceros de la versión oficial de los hechos. ¿De qué nos habríamos enterado si hubieran existido los mecanismos de comunicación en línea, las redes sociales, el teléfono celular, en la época del movimiento estudiantil de 1968?
La información nos sirve para tomar las mejores decisiones y actuar en consecuencia. Pero ante la inconsistencia de ciertos hechos, surge un nuevo elemento que pretende dirigir el rumbo de nuestras elucubraciones. La desinformación es un mecanismo tendiente a dirigir las percepciones del colectivo social hacia un rumbo que conviene a los grandes generadores de información. Una serie de ejemplos claros los podemos encontrar en la política; el candidato del PRI al Gobierno del Estado de Guerrero, Manuel Añorve, en su cierre de campaña esgrimió una estrategia de distracción de la atención al decir -¡Ha llegado el tiempo de la alternancia!-, donde su única intención es dirigir la percepción del electorado hacia el terreno que a él le conviene, inducir el cambio; la realidad es que el PRD ha gobernado el estado sólo por seis años mientras que el PRI lo ha hecho por 70 años. Lo mismo sucede cuando el Presidente Felipe Calderón niega utilizar el término “guerra” al referirse al combate que se libra contra el Crimen Organizado, su intención es manipular la percepción del ciudadano hacia un concepto menos agresivo y radical para evitar la etiqueta que defina, de forma peyorativa, el rumbo de sus acciones de gobierno. La realidad es que la presencia de las fuerzas armadas federales en las calles, los continuos enfrentamientos, los civiles caídos como resultado de dichos enfrentamientos y las rimbombantes capturas de los capos no dan mucho espacio para pensar que se trata de algo distinto a una guerra.
Ejemplos de este tipo podemos encontrar por montones y en toda clase de organizaciones. La desinformación es la contraparte de la información que utiliza la inconsistencia de los hechos para crear un canal alterno informativo capaz de inducir nuestra percepción de las cosas.
parzifal.mx@gmail.com
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