Democracia...
“Doctrina política favorable a la
intervención del pueblo en el gobierno.”
Diccionario de la Lengua Española.
Por: Parzifal
La apertura con que cuentan el día de hoy los medios de comunicación los coloca en el escalafón más alto en lo que ha libertad de expresión se refiere en la historia de las comunicaciones en este país. Hoy se puede criticar, casi sin censura, cada uno de los actos públicos de que los que son protagonistas los políticos, figuras públicas, autoridades y público en general. Hoy es común que en televisión abierta no falte algún conductor -misógino y descarado-, capaz de denostar con su muy particular estilo las acciones de los actores de la escena política que son fuente de las notas del momento. Hoy, la denuncia pública de los medios es abierta y bien fundamentada. Los reportajes, columnas, artículos y notas periodísticas que podemos conocer en los diferentes medios de comunicación ofrecen al ciudadano los elementos necesarios para hacerse de un criterio acerca de la situación que prevalece en los diferentes espacios de la vida pública. Escuchamos, vemos y leemos de actos de corrupción que se comenten con descaro en diversas instituciones públicas y privadas, somos sabedores de que existen funcionarios públicos que han amasado fortunas bajo el cobijo de un puesto otorgado por elección popular, somos objeto de actos de extorsión y corruptelas por parte de las autoridades y el crimen organizado. Todos estos actos sucedían en el seno de la clandestinidad y ahí debían mantenerse. Las herramientas tecnológicas que de a poco nos invitan al mudo de lo inmediato han servido para robarle terreno paulatinamente a la clandestinidad y ofrecer al mundo una visión más cercana a nuestra realidad.
Lo que antes era sólo un rumor, una voz sin sustento; el día de hoy tiene cara, nombre y apellido. Y es en este espacio mundano que coexistimos con un “Señor de las Ligas” que tienen lazos muy directos -hasta podríamos llamar íntimos- con la Secretaria General del PRD. Y coexistimos con un tal “Juanito” que fue capaz de venderse, negarse, quejarse, amenazar con regresar y volverse a vender. La política lo perdona todo, sin importar el color del partido, mientras se siga llevando agua al molino propio. Pero... ¿Y nosotros? Rememorando alguna definición aristotélica del hombre que reza que no somos más que un “Zoon Politikón” y que es a partir de nuestra propia naturaleza que nace la necesidad de vivir en sociedad y con ello una gran capacidad de perdonar. Aunque solo perdonamos aquello que nuestros paradigmas nos lo permiten. Es claro que el daño que le hacen los políticos corruptos a la sociedad es visto como un mal necesario, como algo que resulta inherente a la condición política del individuo pero que mientras nos obsequie una administración pública con evidentes beneficios sociales, lo demás es lo de menos. Y es así que los políticos son recibidos en los lugares a donde llegan con bombo y platillo, son ovacionados, las mujeres acuden veloces al llamado para besarlos y abrazarlos, ellos adquieren una actitud mesiánica y con una guirnalda de flores adornando su testa, agradecen todas esas muestras con una humildad superlativa. Y a pesar de lo que vemos en las noticias, a pesar de lo que nos muestran los diarios, a pesar de lo que hoy se exhibe en los diversos medios de comunicación, los adoramos. Hoy puede estar en el ojo del huracán un político pero nuestra cultura social nos hace verlos como una especie de individuos alejados de nuestro entorno y que, al igual que el propio mesías, vienen a obsequiarnos algún beneficio que, por cierto, no sale jamás de sus bolsillos. Los elegimos democráticamente para que administren los recursos del estado, no hay encargo más cercano al servicio del pueblo que una encomienda pública, reciben un sueldo suficiente para sobrevivir, los recursos que deben administrar son los dineros generados por el mismo pueblo que los eligió. Hoy puede estar en prisión una persona que hurtó doscientos pesos, eso sí que resulta imperdonable.
parzifal.mx@gmail.com
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